sábado, 15 de agosto de 2009

Me gustaría dejarlo todo atrás, evadirme del mundo. Ser una persona que pudiera estar en cualquier sitio y en ninguno a los ojos de todos, e irme a un lugar desconocido, un páramo desierto quizá. Me gustaría desaparecer, olvidar todo lo que alguna vez dije o hice, para no volver jamás...o quizá sí.
Todos alguna vez tenemos esa sensación, aquella que nos anima y empuja a salir de la rutina para irnos a cualquier lugar un poco alejado, para poner en orden nuestra mente, nuestro mundo. Todos alguna vez necesitamos desconectar, y quizá olvidar algo, ya sea un amor pasado o la pérdida de alguien importante.
Yo necesitaba volver a ser yo, volver a sentir, volver a soñar...después de todo aquello. Por desgracia, la pérdida de alguien tan importante como lo eres tú no es tan fácil de superar, no se arregla pasando una temporada en mi paraíso, por mucho que sea mi paraíso.
Este verano mi objetivo era no pensar, no decidir nada importante, darle a mi mente y a mi corazón unas buenas vacaciones después de un año tan difícil como el que he tenido...pero he de decir que no lo he conseguido.
Allí, en mi paraíso, en mi playa, todo fue bien. Excepto algún momento en el que pensaba más de lo que debía, lo que me llevaba al recuerdo, todo fue bien. Y volví, y todo parecía marchar sobre ruedas. Como vi que lo conseguía, me lo llegué a creer. Me llegué a creer que ya estaba bien y que todas mis heridas habían cicatrizado. Pero en el fondo lo único que veía era mi propio sueño: el de olvidar rápidamente, sin tener que morir por dentro en el intento. Eso cambió cuando volví de Salamanca. Todo había ido bien, todo lo bien que podía esperar al ir sin apetecerme demasiado, pero en el fondo estuvo bien. Lo malo fue cuando regresé.
En verano, nunca me ha pasado de quedarme tanto tiempo con la única compañía del ordenador, de mis letras y de mis palabras. Pero este verano sí, hasta ahora, que se ha roto esa soledad, menos mal. Al menos, se ha roto un poco.
Pero los días previos, quizá la semana previa a esta nueva compañía, ha sido un infierno. Planes frustrados daban pie a lo único que pretendí evitar estas vacaciones:pensar demasiado. ¿Por qué? Porque cada vez que empiezo a pensar, me encuentro con los recuerdos y, entonces, caigo en la añoranza y en lo mucho que la hecho de menos.
Sé que nunca volverá, que de hecho, ya no está, ha muerto, llevándose mi herramienta para ser totalmente feliz. Sé que es imposible que pueda volver a escuchar sus palabras salir de su boca (afortunadamente, una grabación de voz en el móvil me podrá recordar su dulce voz al cantar una canción de su época), volver a ver su cara mirándome, a pesar de que realmente lo único que ve son recuerdos de una vida olvidada, volver a sentir su compañía...a pesar de que ella ya no recordara ni quién era yo...ni por qué estaba allí, cuando era sólo por ella...
Eso que he intentado esquivar de cualquier manera desde el principio del verano, lo que me ayuda a parecer que estoy completamente curada de los males de la muerte ante los ojos de los demás, ha hecho que, por unos días, vuelva a caer en el abismo que se creó aquel 3 de diciembre...o quizá el 2, cuando todo empeoró para no volver a estar bien jamás.
Pero yo siempre dije que de cada mala experiencia se podía sacar algo, algo bueno, algo que se ha aprendido. Yo me he dado cuenta de una cosa, pero prefiero darme cuenta observando su rostro sonreírme, como no lo volverá a hacer jamás, en una foto, que teniendo que sufrir tanto al recordar. Me he dado cuenta de que ella, a pesar de que ya no esté ni vuelva a estar en la vida de todas las personas que alguna vez la conocieron, está en mi interior, forma parte de mí y siempre lo hará. SIEMPRE.
Ahora sé con absoluta certeza que nunca me va a abandonar su cariño, el amor que me dio siendo yo su nieta, los momentos que pasamos juntas, todo lo que me enseñó, todos los recuerdos que tengo de ella y de su vida conmigo, que siempre me querrá y que siempre va a estar, dentro de mí, ayudándome a dar los pasos correctos para que llegue hasta donde me propongo.

Nadie muere si la gente que formaba parte de su vida la recuerda.

Es cierto, en cierto sentido, pero lo que yo sé es que, aunque me vaya a acordar de ella todos los días durante el resto de mi vida, como ya hago, ella nunca va a morir porque ella forma parte de mí, y la llevaré siempre en mi interior.

Día 3 de diciembre de 2008. Día de tu muerte, y de tu eterna vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario