domingo, 28 de junio de 2009

La soledad no es muy buena compañía.

viernes, 19 de junio de 2009

Tu...

Hay veces que tienes que contarle al mundo lo que sientes, aunque no le importe. Que sientes que tienes que dejar salir todo, lo que has vivido, lo que has sentido, para que deje paso a una nueva vida. Sientes que esos recuerdos que siempre recordarás, o aquellos que lo único que quieres es que se vayan, sólo pueden seguir su camino si los cuentas, si los pones en boca de tus amigos, si los plasmas en su mente haciendolos parte de su propia historia, de su propia vida, para que cuando un día te vayas, siempre se acuerden de ti.
Hay momentos como esos que no se pueden dejar pasar, en los que puedes sincerarte completamente con cualquier persona, como no lo habías hecho nunca, dejando que, de la persona que ellos se creen que eres, salga la verdad más verdadera de todo, aunque eso no cambie demasiado las cosas.
Eso es loo que pretendo hacer hoy contigo, contarte la verdad, mi verdad, tu verdad.
Contarte que sé que probablemente no leerás esto jamás, pero que, si lo lees, sé que no vas a pensar que eres tu al que se lo dedico, por el que escribo todas y cada una de las palabras que ahora puede que estés leyendo. Contarte que desde que te conocí, llamaste mi atención y, aunque no fuera durante mucho tiempo, conseguiste meterte en mi mente, acaparar por un momento mi atención. Contarte que, aunque jamás pensé que pudiera ocurrir, un día mis ojos se fijaron en ti como no lo habían hecho nunca, y de ahí nació todo.Decirte que, desde ese momento, me enganchaste, me cautivaste, aunque tu no te dieras cuenta.
Desde ese momento, me hiciste ver cosas que no eran, creer cosas que tu no creías, sentir cosas que tu no sentías, y ver cosas que tú jamás viste. Pero no te creas que te culpo por esto, te lo agradezco. Me hiciste ver que las cosas tenían un sentido siempre, me hiciste creer en algo, me hiciste feliz incluso cuando la vida no me daba nada para estar así, me hiciste sentirme llena, sonreir, pensar que yo valía para alguien, que valía para ti.
Hiciste demasiadas cosas buenas sin nisiquiera saberlo, y eso siempre te lo agradeceré. Hacía cosas con un único propósito:tú. Y aunque sabía y sé que nunca iba a llegar a importarte tanto como quisiera, pensaba en conseguirlo, en convertirme en tu pensamiento, en tu deseo más deseado, en ser la única que pudiera aparecer en tus pensamientos, la única que pudiera conseguir ese beso tuyo, el beso más especial.
Me hiciste sentirme así, sentirme llena, creer que podía comerme el mundo y creer que podía conseguirte a ti. Me diste fuerzas para seguir incluso en los peores momentos, y, después de eso, te convertiste en mi oscuridad, porque sabía la única verdad que existía, y es que nunca quisiste nada conmigo. Te convertiste en mis sombras y provocaste que las lágrimas cayeran en pequeñas dosis por mis mejillas. Es por esto que decidí cortar por lo sano, olvidarte, y llegué a creer que podía con ello, pero sigo siendo esa niña inocente y débil de la que nunca te pudiste enamorar...Y caí en la tentación. Quisiera lo que quisiera, eras mi droga, y por mucho de que me convenciera de que tus ojos no podrían volver a sacar de los mios una tierna mirada, por mucho que quisiera que tu sonrisa no volviera a enamorar a mi corazón o que lo único que quisieran mis oidos escuchar fuera tu voz, por mucho que no quisiera...eras mi droga.
Fuiste todo, fuiste mi razón de hacer las cosas, fuiste nada o al menos intenté que lo fueras, fuiste sombras y tristeza, desesperanza, y hoy, no sé ni quien eres para mí...ni quien quiero que seas...

No más golpes.

Déjame decirlo. Déjame expresarme. Déjame contarme lo que siento cada vez que tu puño roza mi cara, cada vez que tu mano roza mi herida, cada vez que tu boca roza con sus palabras malsonantes mi corazón. Deja que te muestre como me siento cada vez que me pones en ridículo sin motivo alguno, cada vez que estrangulas poco a poco mi corazón. He estado tanto tiempo callada, soportando tus mentiras, tus viejas excusas, los olores que no me son familiares en el cuello de tu camisa, todas las veces que llegas tarde, y cuando no llegas incluso, mientras yo estoy como una tonta esperando un simple abrazo, un simple beso, porque no puedo más. Aún sabiendo la mentira en la que vivo, tu mentira, aún sabiendo que no soy tu único amor, ni mucho menos, el primero de ellos en tu lista de favoritos. Eso era antes, cuando prefería una caricia a la verdad, cuando un falso beso de tu boca cicatrizaba las heridas que tenía por tus mentiras. Eso era antes. Ahora me he dado cuenta de que una mujer no se puede dejar pisotear de esta manera. Pero no sólo una mujer, ninguna persona puede dedicar su vida a una persona en cuyos intereses no figura el nombre de la otra. Ninguna persona puede soportar que su compañero de viaje, por muchos momentos que pasaran juntos, la trate como pura escoria, mintiendola, maltratándola. Yo por eso lo he dejado. He dejado esa vida de horror, de bofetadas, de sangre, de una torta por una palabra que digo, de sentir amor por un maltratador. Atrás quedan esos días en los que el miedo se apoderaba de mi ser cada vez que esa puerta se abría, dejando pasar a la peor de mis pesadillas. Atrás quedarán esas noches bajo mis sábanas, aquellas noches que no guardaban sino gritos, gritos de horror, de sufrimiento. He de reconocer que todo lo que sufrí fue en vano, pero no podía dejarlo. Aun sabiendo que él era la causa de mi malestar, no podía soportar que fuera a amar a otras mujeres. Si amaba a otras mujeres, también había de amarme a mí, aunque cada beso me costara la vida.
Hoy he nacido otra vez, y no pienso dejar que nada ni nadie me quite la vida como él lo hizo, malgastando cada trozito de mi corazón en el que yo había creado una casa para él. Ahora soy libre, lo he denunciado, y ninguna mujer más va a sufrir sus mentiras otra vez. Ninguna mujer.
Pero ésto soy yo. Una mínima parte de todo. De todas las mujeres que sufren cada día maltratos, que se levantan cada mañana para ver nuevos moratones en lo que fue un bello cuerpo.
Yo lo he denunciado, pero nunca olvides que soy la mínima parte de todo y que, hoy en día, hay millones de mujeres como yo que no son capaces de hacer lo que yo he hecho, y que dejan que el miedo las consuma una vez más, cuando oyen cómo se abre la puerta de su casa, la puerta por la que entrará su peor pesadilla.

viernes, 12 de junio de 2009

No hace falta que pienses, no digas nada. A veces lo más bonito es un silencio. No aquel cargado de tensión, de pensamientos como "que voy a decir ahora,se está aburriendo", sino de pensamientos sin límite, pensamientos que nos permiten estar en cualquier lado que queramos mientras estamos junto a cualquier persona. A veces no decir nada es lo máximo que puedes decir. A veces transmites más seguridad si no salen palabras de tu boca. Pero, cuando lo único que necesitas de una persona es oír una palabra, una siemple palabra como "lo siento" cuando pierdes a alguien, cualquier silencio es dañino, horroroso, abismal. En esos momentos en los que solo pides una palabra, en los que ya ni te importa que sea o no la palabra exacta que quieres oir y lo único que quieres es oir una palabra, en esos momentos, es cuando te das cuenta de lo solo que puedes estar en el mundo. Piensas que nadie te entiende cuando ni siquiera la amiga del alma que siempre te preguntaba acerca de la persona querida que has perdido, esa amiga que pensabas que cuando ocurriera algo malo iba a tener esa palabra en la boca, no la dice, a pesar de que la dejas el tiempo y espacio suficientes para que pueda pensarla, acariciarla con la boca y decírtela. Pero cuando no la olles, cuando la escuchas de la persona que últimamente no había estado en ningún momento a las buenas, que se había dedicado siempre a resaltar las cosas malas que te pasaban, esa persona que nunca creerías que sería capaz de apoyarte de semejante manera, que cuando la dice te sorprendes, piensas en tu ignorancia. En que has convivido más de diez malditos años creyéndote las mentiras de una maldita piedra, porque eso es exactamente lo que es esa persona a la que tu consideraste tu amiga, pero que está ahí, enfrente, inmóvil, viendo cómo las lágrimas caen por tus mejillas doloridas de tanto llorar, viendo que no puedes pensar en nada que te haga sentir mejor. Piensas en que te has tragado todo lo que te dijo que pensaba en su momento, en que te lo has tragado porque eres una ignorante que, sabiendo que si le dejabas las cosas claras a esa persona, te quedarías sola en este mundo, que nadie te querría, y sabes que no la ponías los puntos sobre las íes por el simple hecho de que eras demasiado buena, y te daba demasiado miedo enfrentarte a ella...
Pero hoy, cuando ves que te has ido separando de ella poco a poco, cuando ves que ella tiene en este momento el miedo a quedarse sola, ese miedo que tú tuviste, cuando ves que ella es más indefensa de lo que nunca lo había sido y cuando ves que necesita a alguien a su lado, que no puede dar más de tres pasos sin detenerse y esperar a los demás, cuando ves esto, aún así, sigues sin dejarla las cosas claras, sin decirla que sabes que todo cuanto te dijo algún día era mentira, y que muchas cosas que dice hoy también lo son, y que se las inventa solo por quedar bien, sin decirla que es una maldita piedra que ni siquiera es capaz de apoyarte al cien por cien en el momento más duro de tu vida, sin decirla que ahora tú eres mucho más que ella y puedes valerte por tí misma, que no eres ni un perrito faldero a la espera de su dueño ni el bufón de la corte que se moriría por oir un segundo de la risa de los que supuestamente se rien con ella aunque en realidad se rien de ella, que por muchas mentiras que ella intentara contarte y tantos inventos que creara en su imaginación no te has tragado ninguno, y no has caido en su red, a pesar de todo lo que te ha hecho, y teniendo la oportunidad, no se lo dices, sino que esperas, a tu aire, sabiendo todo lo que ha pasado pero manteniendote al margen an algunos sentidos y dejando que vaya por su parte, por su propio camino hasta que llegue alguien que, como tú, se canse de tantas mentiras, y desmorone su vida, como ella desmoronó tu infancia con su red de mentiras...